Esta entrada se inspiró en un comentario que le dejé a mi amigo Gabiprog en un post titulado Ella de su blog Reflejos y Susurros. En aquella entrada describía la lucha de una mujer enferma de cáncer. Y en mi comentario, le dije que conocía a dos amigas que estaban tratando de superar el trance, y que habían puesto en ello una energía y unas ganas de vivir conmovedoras y a la vez invencibles. Y por último, lanzaba una pregunta al aire: ¿Por qué tenemos que esperar a tener un cáncer para disfrutar de cada minuto de nuestra vida?
.
Porque es lo que escucho de boca de quien lucha contra una muerte cercana, o quien le ha visto las orejas al lobo a causa de un infarto, que ahora aprecian cada detalle de su entorno, que valoran hasta el aire que respiran, que contabilizan como un triunfo cada paso que caminan, que se sienten como si alguien les hubiese quitado una venda de los ojos presentándose ante ellos un mundo repleto de maravillas inimaginables.
Porque es lo que escucho de boca de quien lucha contra una muerte cercana, o quien le ha visto las orejas al lobo a causa de un infarto, que ahora aprecian cada detalle de su entorno, que valoran hasta el aire que respiran, que contabilizan como un triunfo cada paso que caminan, que se sienten como si alguien les hubiese quitado una venda de los ojos presentándose ante ellos un mundo repleto de maravillas inimaginables.
.
¿Y es necesario tener ocasión de contarle las arrugas a la parca para quitarse esa venda?
¿Y es necesario tener ocasión de contarle las arrugas a la parca para quitarse esa venda?
.
Mi vecina M. es una de esas dos amigas. Charlo con ella de vez en cuando, y me cuenta que está dando clases de yoga, que ahora participa en un teatro, que en cuanto llegue el mes de Septiembre se va de viaje a Turquía porque siempre soñó con conocer Santa Sofía, que está haciendo cosas que siempre quiso hacer.
Mi vecina M. es una de esas dos amigas. Charlo con ella de vez en cuando, y me cuenta que está dando clases de yoga, que ahora participa en un teatro, que en cuanto llegue el mes de Septiembre se va de viaje a Turquía porque siempre soñó con conocer Santa Sofía, que está haciendo cosas que siempre quiso hacer.
.
Mi amiga P. es la otra. Nunca ha dejado de trabajar, pero ahora, me dice, lo enfoca todo con mucho más entusiasmo. El trabajo le sabe diferente, lo vive al día y cada jornada es una confirmación de que nuevamente ha sido capaz de luchar, de convencer, de entablar nuevas relaciones y conocer nuevas vidas. Es una ecologista convencida, siempre quiso hacer algo más que protestar, así que ahora forma parte de un partido político local en el que trabaja activamente.
Mi amiga P. es la otra. Nunca ha dejado de trabajar, pero ahora, me dice, lo enfoca todo con mucho más entusiasmo. El trabajo le sabe diferente, lo vive al día y cada jornada es una confirmación de que nuevamente ha sido capaz de luchar, de convencer, de entablar nuevas relaciones y conocer nuevas vidas. Es una ecologista convencida, siempre quiso hacer algo más que protestar, así que ahora forma parte de un partido político local en el que trabaja activamente.
.
Y yo las contemplo con orgullo, bravo por vosotras, a mí también me encantaría visitar Santa Sofía, un día de estos tengo que ir, y el yoga mira que me lo dice todo el mundo, y lo de participar activamente en favor de la Naturaleza ni te cuento. A ver si un año de estos me descargo un poco de trabajo y me meto a ello. Porque claro, a mí es que no me han dicho que me ande con ojo porque estoy en la cuerda floja, que no pierda la esperanza pero que haga testamento por si las moscas, no, yo no tengo de qué preocuparme, yo SI tengo tiempo de sobra para dejarlo siempre todo para más adelante, verdad? … ¿O no?
Y yo las contemplo con orgullo, bravo por vosotras, a mí también me encantaría visitar Santa Sofía, un día de estos tengo que ir, y el yoga mira que me lo dice todo el mundo, y lo de participar activamente en favor de la Naturaleza ni te cuento. A ver si un año de estos me descargo un poco de trabajo y me meto a ello. Porque claro, a mí es que no me han dicho que me ande con ojo porque estoy en la cuerda floja, que no pierda la esperanza pero que haga testamento por si las moscas, no, yo no tengo de qué preocuparme, yo SI tengo tiempo de sobra para dejarlo siempre todo para más adelante, verdad? … ¿O no?
.
Desde un punto de vista tal vez poco ortodoxo, creo que las personas que se han encontrado con una inesperada fecha de caducidad - que luego puede ser o no ser - impresa sobre la frente nos llevan cierta ventaja a los avispados que vivimos acomodados en el mullido sillón de la vida, convencidos de que nuestro final llegará tras haber asistido al alumbramiento de nietos y bisnietos. Porque esas personas, sospechando que su tiempo se acaba, deciden fijarse como objetivo exprimirle a la vida cada minuto que le negaron por falta de tiempo. Puede que les queden semanas, meses o años, pero vivirán ese tiempo con intensidad, con una pasión como nunca antes habían puesto en sus días y sus noches.
Desde un punto de vista tal vez poco ortodoxo, creo que las personas que se han encontrado con una inesperada fecha de caducidad - que luego puede ser o no ser - impresa sobre la frente nos llevan cierta ventaja a los avispados que vivimos acomodados en el mullido sillón de la vida, convencidos de que nuestro final llegará tras haber asistido al alumbramiento de nietos y bisnietos. Porque esas personas, sospechando que su tiempo se acaba, deciden fijarse como objetivo exprimirle a la vida cada minuto que le negaron por falta de tiempo. Puede que les queden semanas, meses o años, pero vivirán ese tiempo con intensidad, con una pasión como nunca antes habían puesto en sus días y sus noches.
.
Y yo, que no he pasado por ese trance, las miro con ternura y emoción, olvidando que la vida juega con nosotros, que mañana puedo formar parte de un siniestro total, que el corazón puede proclamar un hasta aquí hemos llegado, que me puede entrar en la tienda un mangante y pasar por encima de mi cadáver para vaciar la caja registradora, que puedo acudir a la consulta de un médico porque me duele aquí y salir con cara de boniato y una fecha de caducidad parpadeando en luces rojas sobre la frente abatida. Y todo esto me habrá sucedido sin haber tomado la precaución de echar el freno a tiempo y bajarme a vivir, habiendo limitado esa intensidad vital tan sólo a unos cuantos momentos estelares.
Y yo, que no he pasado por ese trance, las miro con ternura y emoción, olvidando que la vida juega con nosotros, que mañana puedo formar parte de un siniestro total, que el corazón puede proclamar un hasta aquí hemos llegado, que me puede entrar en la tienda un mangante y pasar por encima de mi cadáver para vaciar la caja registradora, que puedo acudir a la consulta de un médico porque me duele aquí y salir con cara de boniato y una fecha de caducidad parpadeando en luces rojas sobre la frente abatida. Y todo esto me habrá sucedido sin haber tomado la precaución de echar el freno a tiempo y bajarme a vivir, habiendo limitado esa intensidad vital tan sólo a unos cuantos momentos estelares.
.
Porque he adquirido la mala costumbre de transferir mi existencia a las hojas de un calendario, y celebrar el tiempo vivido una vez al año, sin pararme a pensar que lo que soy, lo que hago, lo que pienso, deseo y siento, lo que doy y lo que recibo, se efectúa en un lapso de segundos, minutos, horas. Porque soy incapaz de parar y derrochar intensidad durante semanas, meses, años.
Porque he adquirido la mala costumbre de transferir mi existencia a las hojas de un calendario, y celebrar el tiempo vivido una vez al año, sin pararme a pensar que lo que soy, lo que hago, lo que pienso, deseo y siento, lo que doy y lo que recibo, se efectúa en un lapso de segundos, minutos, horas. Porque soy incapaz de parar y derrochar intensidad durante semanas, meses, años.
.
¡Cómo nos cambiaría la vida si tuviésemos conocimiento de nuestra fecha de caducidad! Yo, desde luego, no quiero saberlo, supongo que a nadie le gustaría. Pero de vez en cuando es bueno que a uno le recuerden que, serán muchos o pocos, pero aquí todos toditos todos, enfermos o sanos, tenemos los días contados.
¡Cómo nos cambiaría la vida si tuviésemos conocimiento de nuestra fecha de caducidad! Yo, desde luego, no quiero saberlo, supongo que a nadie le gustaría. Pero de vez en cuando es bueno que a uno le recuerden que, serán muchos o pocos, pero aquí todos toditos todos, enfermos o sanos, tenemos los días contados.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.









